Qué es el tiempo si no el derrame de tu imagen frente a mis pupilas desorbitadas, ojos cerrados, pero más abiertos que nunca, mi boca sonriente, y tu imagen fulgurante pululando por mis alrededores.
Se detiene y continúa. Frena y da un zamarreo, es la única entidad de tiempo que hasta ahora entiendo.
Las horas y los minutos son convenciones que se escapan de mis dedos. que se escapan de mis posibilidades del decir. No las puedo decir, no se amoldan a mi existir. Corren desde otro lugar, hacia otro destino, con otros mares. Olas rumiantes. Raras, puesto que éstas siempre agitan sus alas, para romperse en las costas, y quebrándose, le van diciendo adiós a este mundo mientras se funden con la arena de las costas. Se elevan para luego caer. Para morir. Pero estas olas, permanecen encendidas, en la parte alta de la montaña. Donde excitadas, muertas de ganas de morir, permanecen.
La tensión es lo único constante.
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